lunes, 15 de marzo de 2021

Hombres nuevos 

Escena 4   

Esta separación radical del sujeto con género plantea otros problemas. ¿Podemos hacer referencia a un sexo «dado» o a un género «dado» sin aclarar primero cómo se dan uno y otro y a través de qué medios? ¿Y al fin y al cabo qué es el «sexo»? ¿Es natural, anatómico, cromosómico u hormonal, y cómo puede una crítica feminista apreciar los discursos científicos que intentan establecer tales «hechos»? ¿Tiene el sexo una historia? ¿Tiene cada sexo una historia distinta, o varias historias?

¾ Uyuyuyyy, el compañero Fernando está que le da duro a la lectura. ¿Qué es eso que lee? Ah, la Judy Butler. Cosa seria es esta. ¿Y qué le ha parecido?

¾ Puees… ¿Usted sí entiende estos libros don Roberto?

¾ Vea, esta vieja, habla es de las cosas de la piel. De cómo no existen reglas cuando se trata del cuerpo, de cómo dos cuerpos que se desean pueden dejar de ser varón o hembra, para convertirse en otra cosa. De cómo la forma en que usted mira a su pareja puede hacer que él sienta que ya no es él, sino ella, pero sin dejar de ser él, reflejado como ella en los ojos que lo miran. ¿Sí me entiende Fernando?

¾ Mmmm…

¾ Piense en su propia historia. ¿Qué siente cuando está con Arsenio? ¿Cómo se ve a sí mismo cuando él apaga la luz y el mundo de afuera desaparece? No me responda. No quiero saber de su vida íntima, solo trato de explicarle de qué hablan estos libros. Hablan de nosotros, Fernando, de las personas atrapadas en sus cuerpos bajo unas redes invisibles que nos quieren impedir ser felices. Estos libros explican cómo hemos roto esos cercos para llegar al placer. ¿Me entiende Fernando?

¾ Pues ahí sí le entiendo claritico, don Roberto. ¡Primera vez que lo entiendo tan claro! Arsenio nunca me había hablado así. Cierto que me explica cosas; se la pasa mentando el patriarcado como algo malísimo, igual que esa vaina de la ley del padre y el sometimiento de la mujer. La verdad, yo me pregunto por qué se interesa tanto por la mujer… pero nunca me ha hablado de él, de su historia, de qué siente conmigo… Yo a él se lo he contado todo. ¿Qué no le he dicho sobre mí? Pero yo, ¿qué sé yo de él? ¿Quién es Arsenio Berrezueta? ¿Usted lo sabe don Roberto?

¾ A ver, mi querido Fernando, yo… Vea pues, ¡hablando del rey de Roma! Arsenio, compadre, mire usted aquí a Fernandito tan juicioso leyendo a la Judy Butler; dice que usted se lo recomendó. Vea mi hermano, ¿usted de verdad cree que así es cómo iniciamos a los muchachos en los debates? ¿No será que exploramos primero otras entradas?  

¾ ¿Y por qué me pregunta eso Roberto? ¿O le parece a usted que Fernandito aquí es muy burro para entender estos escritos?

¾ A ver Arsenio, ¡páreme la mano ahí, compadre! Yo respeto a todos los que integramos este colectivo y los considero por igual, a diferencia de otros que creen que el título de la universidad les convierte en seres de otro mundo. Eso no va conmigo, hermano, y usted lo sabe muy bien. ¿O no me ha visto barriendo la sala y preparando los tintos aquí con los muchachos? Yo en cambio, nunca lo he visto a usted arrugarse el pantalón para recoger un bolígrafo del piso.

¾ Y usted, Fernando, ¿de qué se ríe? Hágame el favor y sálgase de aquí. El colega Roberto y yo parece que tenemos que aclarar dos que tres punticos.

¾ No Arsenio, Fernando es tan miembro del colectivo como usted. ¡Él tiene derecho a escuchar y a participar!

¾ Bueno, don Roberto, la verdad es que me tengo que ir de cualquier modo, pero le agradezco todo lo que me explicó. Seguro que usted y don Arsenio aquí, encuentran la vuelta para estas vainas que están conversando. Yo igual pues me leo todo lo que sus mercedes me pongan a leer y con mucho gusto. Hasta esta vieja de la Butler.

¾ Entonces, hasta luego Fernando. Si tiene que irse, no le retengo mijo, adiós pues... Pero, ¿por qué me mira así, Fernando? ¿Se va o se queda?

¾ Sí don Arsenio, me voy. Usted tiene razón, como siempre, aquí nadie me retiene. Buena noche don Roberto, hasta luego don Arsenio. «A ver, mi morral, eso, ya me voy. Sin tropezar, camino rectico que seguro me miran el culo. ¡Y esta puerta que no abre! Ya, por fin.» ¡Hasta mañana colegas! «¡Mmm, colega será mi abuelita de Diosito allá en el cielo! Que el altísimo me perdone, pero este Arsenio me pone mal. La próxima me quedo y lo frenteo. Bien dijo don Roberto, ¡yo también tengo derecho!»

Sigue...

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