Hombres nuevos
Escena 2
¾¡Buenos días! Mi nombre es Arsenio Berrezueta. Bienvenidos al taller
“Hombres sensibles y nuevas masculinidades”, organizado por el Colectivo
Hombres Nuevos. ¡Amigos! Cada día, cuando nos levantamos de la mesa y dejamos
tirada la taza de café y el plato de la arepa, cuando le silbamos a la vecina,
cuando nos burlamos de los debiluchos en la fábrica, cuando nos bebemos la
quincena sin importar si los niños se quedan sin leche. Todo eso se llama pa-triar-ca-do.
De eso hablaremos, de cómo el patriarcado nos marca la vida, nos impide llorar,
nos hace pensar que las mujeres sólo sirven para una cosa. ¡No es de risa, mis
amigos! Que por causa del patriarcado, los hombres no sabemos ni lo que es
brindar un abrazo, mucho menos entender que…
¾ Ay, este don Arsenio sí que habla bonito, ¿verdad Paolita Andrea? ¿Qué?
¿Qué le pasa? ¿Ya no le gusta colaborar en los talleres?
¾ Vea Fernandito, este huevón me tiene mamada con los hombres nuevos y
las senbilinisecuánto. ¿Usted sí sabe que hoy no nos pagan, cierto? ¡Así como lo oye mijo! Y conmigo no es la
primera vez, entonces no espere que me ponga a brincar de la emoción. Mejor
vaya sacando los refrescos de la camioneta. Ya verá lo sensibles que se ponen
esos hijueputas. Las tres cajas de Postobón van a durar menos que el fosforito de
“me llamo Paola Andrea”. ¡Camine mijo!
¾ Ahora, cada persona, una por una, va a tomar un fósforo y lo va a
encender. Mientras quema, cuéntennos quiénes son, compártannos algo de sí para
que nos conozcamos más. Sin quemarse, ¡claro! Miren, así. ¡Uy que no prende!
Ya, ahora va: me llamo Arsenio Berrezueta, nací en Bogotá en 1968…
¾ Vea Paola Andrea, ¿y usté por qué se vino entonces? Si no le
importa, ¿qué hace usted aquí? Yo sí creo que hay que hablar estas vainas, yo
sí quiero ser un hombre distinto…
¾ Vea Negro, yo, lo que busco es camello. Yo pago alquiler en Bogotá,
no tengo ningún macho que me mantenga… Ay, Fernando, ¡no me abra así los ojos,
que no le voy a echar gotas!
¾ Escuchen todos con atención. ¿Alguna vez han sentido deseos de
pegarle a una mujer? ¿Por qué? ¿Qué nos llevó a querer lastimar a nuestra
pareja? ¿Por qué la consideramos menos? ¿Qué sentimos luego de golpear a una
mujer? ¿Mejoró nuestra vida? ¿Alcanzamos algo? ¿Qué conseguimos con esa
cachetada? ¿Alguien me responde? ¿Nadie? Otra pregunta. ¿Alguien recibió golpes
de pequeño? ¿Alguien fue humillado de niño? ¿Sí? ¿Usted? ¿Usted también? Amigos,
les contaré una historia. Una tarde, metimos a un muchacho a un tacho de basura
sólo por diversión. Como lo oyen. Yo tenía mucha vergüenza de lo que hacíamos,
pero más pena me daba pedir a mis amigos que pararan, que lo dejáramos en paz
al muchacho. Y bueno, yo mismo ayudé a levantarlo, lo cargué junto con los
otros y lo metí al tacho de basura. Yo también me reí de él esa tarde. Sucedió
hace más de 40 años y aún recuerdo la cara de tristeza de ese muchacho. Él
tampoco se habrá olvidado. Andará por ahí ese muchacho. Quién sabe si tendrá
una familia, si será un hombre adinerado, de esos que viven en Usaquén. Lo que
sí les aseguro es que lleva una herida demás, causada por un puñado de niños
despiadados. Esa herida la llevo también yo; cuando recuerdo lo que hice,
siento que perdí algo de mí, que me puse de rodillas ante la violencia… Amigos,
amigas, gracias por escucharme. Ahora, les invito a tomar un refresco antes de
seguir conversando. ¡Paola Andrea, niña, a ver si me colabora por favor!
¾ A ver si me colabora… tan modosito este
Arsenio cuando está en público. Qué bien que ya está acabando
esta payasada. ¿Cuál de estos pirobos cree usted, mijo, que resultará elegido
esta noche? ¿El del lunarcito o ese de cabello largo? Ay Fernandito, no me diga
que no sabe. Vea, yo llevo cuatro años trabajando con el tal Arsenio. Yo ya sé
cómo acaban esos dichosos talleres de hombres nuevos. Deberían llamarse
talleres de culo nuevo. ¡Jejeje! ¡Ay mijo, es que soy tan graciosa! Oiga
Fernando, no se enoje. Devuélvase para acá que tiene que ayudarme a recoger
todo. ¡Fernando! ¡Ay bendito, qué celoso este Negro!
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