miércoles, 30 de abril de 2014

En materia de comunicación nos faltan dos 'cositas'



Nadesha Montalvo R.

Si tú protestas, yo te demando. Las prácticas del poder van configurando irreversiblemente la cotidianidad; no sorprende entonces que el actor y guionista David Reinoso quiera demandar a Silueta X. Esta asociación de organizaciones que trabajan el tema de derechos sexuales protestó contra los programas de televisión a cargo de Reinoso por mensajes discriminatorios en materia de identidades sexuales. Ni voy a mencionar los dichosos programas, pero sí hay que acordarse que Reinoso es figura señera de la campaña publicitaria de la Revolución Ciudadana, campaña con la cual este proyecto político quiere hacernos creer que lo social es su razón de ser... Pero volviendo a Reinoso, el actor y productor se sumaría a la lista de personas y organizaciones tanto de Alianza País como de otros sectores de la sociedad que cuando son confrontados por la ciudadanía, responden diligentemente con una demanda. ¿Es ésta la única vía posible?

Los reclamos de Silueta X contra los programas de Reinoso irán a parar a la Supercom, entidad que se ha vuelto ducha en audiencias, cargos, multas, sanciones y demás lindezas del sistema judicial. Está clarísimo que en su gestión las funciones intendenciales pesan muchísimo más que la defensa de la comunicación y sus potencialidades para hallar mejores formas de vida en común.

¿Qué sería si tuviéramos una Supercom a secas? Nada de intendencia de por medio. Imaginemos una institución dedicada a la supercomunicación, una entidad que fomentara prácticas de comunicación política real, cuyo rol, en este caso por ejemplo, podría ser organizar un gran diálogo sobre la discriminación en los medios, el humor a partir de la violencia, los estereotipos y el prejuicio como el recurso preferido de los montajes cómicos (pan de cada día en televisión). Todo esto sin perder de vista lo desabridos que son los relatos políticamente correctos, hay que decirlo.

Qué va. En Ecuador tenemos Ley de Comunicación y su reglamento, Consejo de Regulación y Desarrollo de la Información y Comunicación, cientos de direcciones de Comunicación en las cientos de dependencias públicas estatales y la ya mentada Superintendencia de Comunicación. Hasta medios públicos dizque tenemos. Sólo nos faltan dos cositas para empezar 1) diálogo, expresión elemental de la comunicación y de la democracia y 2) reconocimiento del otro como un sujeto con derecho a puntos de vista divergentes, requisito ineludible para establecer cualquier proceso de comunicación. Apenas estas dos cositas.

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